Mil formas de amar

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Cuando uno empieza a hablar, a la edad de 2 o 3 años, las palabras empiezan a cobrar un significado concreto. Todos entendemos lo mismo cuando oímos o pensamos en “gato”, “escalera”, “comer”, “alegría” o “atardecer”. Sin embargo, cuando hablamos de “amor” las cosas cambian. Estar “enamorado” nada tiene que ver entre unos y otros, ni siquiera nosotros mismos tenemos un concepto estático de un momento a otro de nuestras vidas.

Por qué? Quizás porque en realidad amar no es un concepto concreto, sino un cúmulo de vivencias, una nebulosa de experiencias, emociones y anhelos que se unen para crear una idea compleja y voluble en nuestra mente. Nuestras experiencias amorosas van perfilando, suavemente como un cincel sobre un mármol blanco o en ocasiones a base de tortazos como si del martillo de Thor se tratase, el concepto más complejo que nos intentaron encajonar en la cabeza: el Amor. Desde el más inocente de un niño de 8 años compartiendo la merienda con su adorada compañera de clase en un rincón del patio, al más aterrorizado divorciado oyendo cómo se resquebraja su helado corazón al oír nuevas promesas, pasando por la tierna pareja de abuelitos que han compartido la vida juntos sin plantearse el porqué o si había otra opción…

Cortazar

“Adorar e idolatrar”, “Proteger y mimar”, “Caminar juntos”, “Compartir”, “Entregarse y renunciar”, “Desear”, “Satisfacer”…Amores buenos y amores malos, sanos que hacen crecer y tóxicos que hacen que uno se pierda a si mismo…Vamos por el mundo diciendo que amamos como si hablásemos de lo mismo. Qué necios…

“Amar” y “Estar enamorado”. Partiendo ya de la idea que ambos conceptos nada tienen que ver el uno con el otro y que podríamos abrir mil debates sobre si estamos hablando de pasión, admiración, compañerismo, instinto de protección o de, simplemente, cascadas de neurotransmisores…cómo podemos ponernos tan poco de acuerdo en algo tan fundamental? ¿Quien es el loco: Cortázar o Allen? ¿Estar enamorado va antes y amar después? ¿Es una insensatez de soñadores o de verdad todos podemos sentirlo? ¿Es uno pasión y el otro razón?

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Será por mis antecedentes o por mi cara de buena persona, pero tengo la enorme suerte de ser la confidente de muchos de mis amigos. Y una de las primeras cosas que pregunto cuando alguien me dice “estoy enamorado/a” es: “de qué me hablas?”. Porque claro, el que lo define como una pasión sin límites no entenderá al que lo defina como una sensación de “estar en casa”, el que se ruboriza y se taquicardiza pensando en un rozar de manos, no entenderá al que imagine una plácida tarde de sofá viendo un documental de “París en los años 20”. Hombres que creían que no podrían amar nunca más, mujeres que creían que sólo amarían a hombres y se han descubierto amando a mujeres, mujeres que se preguntan cómo hacer para que las amen sin plantearse si ellas han amado…

Por eso me doy cuenta, al oir mil historias y pensar en la mía propia, qué bien nos iría a todos si al conocer a alguien, además de preguntar: ¿qué recuerdas de tu infancia? ¿cómo se llaman tus padres? ¿te sientes satisfecho con tu trabajo? ¿quieres tener hijos?…la pregunta inicial fuera: Y para ti, qué es amar?

Curva

Alfa y Omega

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Afortunadamente, mi trabajo implica comunicarme con muchísima gente: pacientes, familiares, otros trabajadores del hospital…Digo “afortunadamente” porque comunicándome (hablando por los codos, concretamente) es con lo que más disfruto de mi trabajo. Una doctora habladora es una fortuna para el paciente y para la familia (quienes acostumbran a verlo como una excepción) y una desgracia para el resto de sanitarios que tienen que aguantar la chapa la mayor parte del día.

Pero muchas veces esas conversaciones con colegas sobre pacientes, acaban derivando en temas vitales y reflexiones interesantes y me hacen aprender y comprender a otros especialistas. Las míticas y casposas etiquetas que acostumbramos a poner a otros médicos (léase: “Internistas = repelentes”, “anestesistas = vagos”, “traumatólogos = brutos”, “cirujanos=manazas, antimédicos, sádicos, torturadores”…perdón, ya paro, es deje de internista) caen por su propio peso cuando nos acercamos al día a día de cada especialidad, y ahí es donde la auténtica colaboración fluye y donde se empiezan a construir cosas.

Y por qué todo este rollo? Por qué tan de pronto este romanticismo sobre la interrelación médica? Sencillo: porque me he descubierto últimamente filosofando amigablemente con cirujanos (oh Dios mío, pero hablan?), con unas cañas en un bar o escribiendo cursos a tecla por minuto en un despacho caluroso, filosofando decía, sobre la vida, la muerte y la fina línea que separa el “ir a por todas”, el “dejar de torturar” y el “dar una muerte digna”. Porque he visto que, en la profesión médica, como en la historia del paciente, todos somos un continuo, pero que sin embargo esto es un error, y deberíamos ser elementos consecutivos siempre, pero superpuestos y complementarios la mayoría de las veces (que deberíamos de hablar más los unos con los otros, leches!)

Alfa y Omega. Inicio y fin. Ilusión por la curación, esperanza en el mantenimiento, desconsuelo por la mala evolución y aceptación de la muerte: ilusión – esperanza – desconsuelo – aceptación…. Aunque parezca que son extremos, aunque parezca en ocasiones que son opuestos, es todo un fluir, porque el paciente no va por partes, no va por fases, no pasa abruptamente de “ser de todo” a “no ser de nada”. Porque él o ella sigue siendo alguien con una historia, con un cuerpo sano y una vida normal a su entender, en el que de pronto algo malo irrumpe, y personas con una bata blanca lo exploran, analizan, pinchan, cortan y acostumbran a infundir sustancias desconocidas, tóxicas, milagrosas o engañosas por sus venas. Y aunque esas personas cambien y sean distintos especialistas, para ellos él es “el paciente” y el otro es “el médico”.

Alfa y Omega. Me considero Omega en el hospital, y con orgullo. Los cuidados paliativos están gráficamente “al final” de la línea de la enfermedad del paciente, según la visión del resto de especialistas. La visión cambia según la especialidad, es cierto: en oncología cada vez colaboramos más desde el principio y en otras especialidades seguimos siendo “los del PADES cuando el paciente está fatal…”. Y quien es Alfa? Las especialidades quirúrgicas, por supuesto. No soy capaz de imaginar la sensación de poder absoluto que debe de sentir alguien con un bisturí en la mano, mirando cara a cara al cáncer. Resección completa, cirugía óptima, curación…quedarse con ese concepto al salir del quirófano, con la idea de haber arrancado a alguien de las garras de la muerte, aunque meses más tarde recidive…No tener por qué enterarse y quedarse con lo bueno. Y con lo malo? “Usted se queda con los despojos como yo, no doctora…?” – frase grabada a fuego cuando esta curtida paliativóloga empezaba como una tierna internista a mirar cara a cara a la muerte. “Los despojos?…¿pero dónde (…) me he metido?”

Ofrecer vida u ofrecer consuelo. Salvar o acompañar. Curar o paliar. Parecen conceptos incomparables, el uno precedido por un áura mágica y limpia y el otro envuelto por una niebla espesa y fea…Soy de las que se quedan con la niebla fea, porque me van los retos. Pero ahora miro a aquellos con los que empezó la historia, a aquellos en cuyas manos se depositó toda la esperanza del paciente, con más respeto y con la simpatía del que ve la buena intención y la ilusión en los ojos de un “cuchilla”.

Ninjapiruleta

Un cuento del revés

Esta es la historia de cómo una princesa aprendió a salvarse sola, siendo valiente y superando a dragones, monstruos y brujas tristes. Esta es la historia de la princesa que creció y se hizo reina, una reina risueña, fuerte y soñadora.

La princesa de mi cuento tiene una mirada viva: unos iris verdes profundos, rodeados de un halo verde más oscuro, ojos grandes y expresivos, rebosantes de curiosidad y felicidad. Tiene un cielo estrellado en sus mejillas, miles de pequeñas (y no tan pequeñas) pequitas, que me cuentan lo mucho que le gusta jugar al sol, aunque esta princesa es tan presumida que quiere que su piel sea blanca como la nieve, y que nunca se estropee. Tiene unos dientes blancos y grandes, que destacan su preciosa sonrisa, abriéndose como una flor blanca en primavera. Su risa es contagiosa, pero lo más contagioso es su sentido del humor, que a pesar de ser el de una pequeña de 8 años, es ingenioso, mesurado, aunque a veces ácido. Todo en su justa medida.

Princesa

A esta princesa no le faltaba nada. Su hogar era hermoso, era querida por todos, tenia amigos, aprendía rápido y además le fue regalado un hermanito para quien era el centro del universo: su mejor amiga, su profesora, su ídolo y su fuente de inspiración. Pero el cuento feliz de esta princesa se truncó el dia que sus padres decidieron no seguir viviendo juntos, y tuvo que enfrentarse al Miedo, a la Pena y a la Frustración, tres monstruos feos y desconocidos para ella.

  • El Miedo era un monstruo viscoso, con una piel negra y unos ojos de un verde fluorescente. Aunque apagases la luz lo veías, veías esos ojos por todas partes. Y a la princesa le costaba dormir porque lo veía aunque cerrase los ojos. El Miedo le decía que las cosas irían mal, que estaría triste y que nada sería nunca como antes…

Ojos verdes

  • El segundo monstruo era la bruja Pena. Pena era azul, de una textura como agua, fría como el hielo y a veces venía en silencio y abrazaba a la princesa a escondidas. La envolvía y la llenaba por dentro, haciéndose tan grande, que se desparramaba hacia fuera en forma de lágrimas. De pronto, sin avisar, cuando parecía que todo iba bien, ella venía y se apoderaba de la princesa, dejándola helada por dentro.

Bruja Pena

  • El tercer monstruo se llamaba Frustración. Era un dragon enorme, de escamas rojas y ojos dorados, caliente como el fuego, y una boca ardiente que cuando se abría quemaba tanto…Cuando el dragon se acercaba, ella podía notar como le atravesaba la piel, subía rápido a su cabecita, y hacía que estallase en ira. Hacía que sin quererlo, perdiese el control y se enfadase con todos, incluso con sus seres más queridos…

dragon

Durante un tiempo, los tres monstruos asaltaban a la pequeña princesa contínuamente. Cuando no era uno, era el otro, un monstruo tras otro…y la pobre princesa estaba cansada y desolada. Su familia intentó muchas veces ayudarla a derrotar a los monstruos, pero parecía que ellos no tenían ningún poder. Tenía que ser la princesa la que los derrotase.

Pasaron los días, y la princesa fue creciendo por dentro y por fuera. Poco a poco se dió cuenta de que podía con todos ellos. Un día, se armó de valor y decidió esconderse tras una esquina (le encantaba dar sustos a todo el mundo de esta forma), y saltó al paso del Miedo, que iba en su busca para volver a atormentarle las noches. – “Buuuuuuh!!!!” – gritó la princesa. Y el Miedo huyó despavorido, dejando un reguero de pipí detrás, con lo que la princesa se río como una loca. La Tristeza fue fácil de vencer: bastó con hacerle un par de pedorretas en la barriga para hacer que la bruja se destornillarse de risa y se rompiese en miles de pequeñas gotas, con las que la princesa regó las flores de su terraza, haciendo crecer hermosas flores blancas. La Frustración se resistió un poco más…era demasiado rápida, y a veces aunque notaba su calor al aproximarse, no le daba tiempo de pensar un plan y la invadía, haciendo que explotase de ira otra vez. Pero poco a poco, aprendió que, al sentirla llegar, si se ponía un poco rígida, conseguía que cada vez entrase menos dentro suyo, que la quemase menos y que la explosión fuese más débil…con lo que al final el dragón se cansó (porque además se frustraba rápido), y se fué, resoplando un humo de azufre por la nariz…

Era la primera vez en la historia que una pequeña princesa era capaz de vencer sola a tres monstruos tan terribles y tan antiguos y temidos por todos. Sus padres, su hermano y todos sus amigos se sintieron enormemente orgullosos de ella, y contaron las hazañas de la princesa por todo el reino. Ella aprendió que con fuerza de voluntad, constancia y buen humor, hasta los monstruos más terribles sucumben frente a los niños valientes, y para recordárselo, las flores blancas siguieron creciendo fuertes y hermosas en su terraza.

Flores blancas

Gracias / Gràcies / Grazie / Thank you / Merci beaucoup / Spasíba / Paschi

En los últimos meses, y a raíz de acontecimientos vitales varios, he pensado en este post muchas veces. Diferentes versiones, distintos enfoques, sin llegar a una conclusión clara de cual sería la mejor manera de redactarlo. Finalmente, he decidido dejarlo fluir, dejarlo salir como venga: crudo, bruto, burdo, primario…honesto.

Doy las gracias decenas de veces al día, nunca me he parado a pensar cuántas. Pero la mayoría de ellas son mera cortesía, la muletilla que sale automáticamente después de que alguien nos dé el cambio, nos responda dónde está el baño o nos ofrezca un flyer para el SinPelo. Ese “gracias” quita todo el significado del auténtico “Gracias” que queremos decir a veces. Hoy es uno de esos días en que desearía que existiese una palabra más grande, más fuerte e impactante. Pero no la hay, así que tendré que aderezarla (la palabrería se me da bien) para que se capte su grandeza.

– A los que soportasteis mis malos humores:

Parece totalmente justificado: a todo gran cambio le preceden o le acompañan momentos de nervios, de franca ansiedad, que pueden traducirse en malas respuestas, caras largas, expresiones de crispación o, simplemente, quejas continuas por nimiedades cotidianas. El “ya estoy harta”, “no puedo más”, “es que es/son un/os (rellenar con el insulto preferido de cada uno)…” es habitual entre aquellos que, como yo, tenemos el vicio de ver la paja en el ojo ajeno en momentos de crispación. A aquellos que me hicisteis una caricia, un masajito en los hombros, una palabra de consuelo o una sonrisa de complicidad. A los que me mirasteis con cara de “qué suplicio, ya está otra vez” y a los que levantasteis la ceja y soltasteis un: “a ti qué tripa se te ha roto, bonita?”. A todos los que sufristeis mis malos humores en silencio o devolviéndome las bordeces: Gracias.

Complicidad

– A los múltiples “cuñeros”:

Procedo a definir el concepto “cuñero”: dícese de un lugar recogido, privado, donde uno tiene a bien explicar sus desgracias y/o cotilleos y/o alegrías a otro. Dícese del “Momento cuñero” a aquel momento de intimidad en que dos o más personas intercambian sus cotilleos y/o desgracia y/o…bueno, eso de antes. En realidad, inicialmente el concepto cuñero surgió del fantástico espacio del hospital destinado a tirar y/o reciclar (asqueroso, lo sé) las cuñas llenas de excrementos de pacientes (lo sé, lo sé…). Cierto que es un sitio poco adecuado para mantener un diálogo fluido sin tener que taparse la nariz, por eso el concepto “cuñero” posteriormente se desplazó a otros espacios más aptos y menos desagradables, a saber: una escalera, una habitación de guardia, un office, un descansillo de ascensor…En el cuñero, a parte de otras cosas obvias que pueden ocurrir en espacios tan recogidos (para más info, ver Anatomía de Grey en cualquiera de sus 800 episodios), suelen compartirse los momentos más íntimos y amistosos de la vida hospitalaria. Por eso, a todos los que habeis “hecho cuñeros” conmigo: Gracias.

Anatomia de Grey

– A los “te voy a sacar de paseo”:

“Te voy a sacar de paseo, que lo necesitas” no suena muy reconfortante de inicio. Pero una le va encontrando la parte tierna cuando se da cuenta de que, en la inmediatez del cataclismo, salir y “ver mundo”, emprender actividades nuevas, probar comida y bebida distinta a la habitual (brindo por los mil estilos de cerveza, las catas de cava, la comida peruana y las obras de teatro bizarras), ayuda a reiniciar los programas preconfigurados y a aprender a establecer nuevos circuitos de recompensa (todo muy neuroeléctrico y psicoemocional, yeah). Se me antoja que podría equipararse a cuando una era pequeña y después de un dibujo feo y/o aburrido agitaba el Telesketch (los de mi quinta sabréis de qué hablo) y aparecía una nueva pantalla en blanco, lista para dibujar. A los paseantes: Gracias.

– A las nuevas aficiones:

Aunque parezca obvio, volcar nuestra atención y nuestro esfuerzo en nuevos retos y nuevas aficiones empieza los cimientos de la nueva construcción de un nuevo “yo”. Una versión mejorada de nosotros mismos. Es el momento de decidir qué queremos ser, qué queremos dominar, de qué queremos disfrutar. Yoga, fotografía, dibujo, cría de caniches o fabricación de cerveza casera…todo vale en el noble arte del autocultivo (y con esto no me refiero a instalarse cómodamente en el jardín). A pesar de haber criticado en el pasado algunas aficiones que etiquetaba de “frikis”, actualmente no me atrevo a reírme de ninguna (obviemos el oscuro aunque jocoso episodio de los “runners”), ya que detrás de cualquier afición hay un espíritu entusiasta. En mi caso el yoga ha sido una de las incorporaciones a mi sediento espíritu, que asumo más como un cambio en mi vivencia de las cosas, en la percepción de mi misma, que como un hobby. Crecer por dentro para dialogar con el mundo afuera. A las nuevas oportunidades: Gracias.

– A los nuevos personajes:

Aquí repito lo que dije al inicio de esta aventura: después de un huracán emocional, de una sacudida vital intensa, en la que tan sólo permanecen relativamente estáticos algunos de los personajes principales, empiezan a surgir de forma misteriosa, otros nuevos, de entrada secundarios, aportando cada cual su granito de arena para la recomposición, la reparación, el renacimiento de la nueva vida. Podríais imaginar un teatro antiguo, de madera, dando vida a un escenario poco cambiante, esos protagonistas que poco se desplazan dentro del escenario, a lo sumo cambian ocasionalmente su orientación. De pronto, alguien presiona una tecla, más o menos dolorosa, más o menos significativa, y el mecanismo se pone en marcha: personalidades nuevas, papeles distintos, que hacen reflexionar, aprender, cambiar, y que todo modifique su posición relativa y aparezca una nueva perspectiva de la escena. Algunos se transformarán después en personajes principales, otros desaparecerán de nuevo, tan leve y silenciosamente como aparecieron, pero habrán modificado a veces sutil, pero definitivamente, el transcurrir de la historia. A los nuevos personajes: Gracias (bienvenidos, estáis en vuestra casa).

* A los pitufos, las decoradoras de sueños rotos, los Ángeles Negros, los estranguladores yoguis, las radares de hombres, los tigres blancos, los supermanes, los psicópatas, a mi querido alter ego de cuñeros y a todos…GRACIAS*

Renacer

Renaixement

Massa temps  fred i tempesta,

arraulint-me fugint de la tristor,

sospirant per la joia de la primavera

i per l’arribada de sa inmensa claror.

La primavera contempla ara

com reneix l’ànima freda,

com desperta, abotargada

del meu llarg somni d’hivern.

Fa eixerir l’ànima i trenca

un a un, amb petits cops,

cada glaçó que encara entela

els raconets del meu cor.

Lluentor, color i vida,

brots de verd, esquitxos vermells,

hores de lleure endolcides

per l’escalfor d’un sol creixent.

Tot sembla despertar i crida

primer fluix, desprès valent:

_“Obriu pas que aquí arriben!”,

amb un somriure amatent:

càlids moments a la sorra,

tènues capvespres ponents,

faules d’amics plens de joia,

tendres nits plenes d’estels.

_”On queda la fredor blanca?,

Tornarà aqui l’any vinent?”

_”Gaudeix ara de la joia”

Em respon tot somrient.

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* Dedicat a l’ Andrea, la rosa més maca del meu jardí *

Firmas: no decir nada y decirlo todo

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Siempre he pensado que una firma es una herramienta demasiado simple y demasiado burda para demostrar al resto del mundo el sinfín de decisiones que tomamos a lo largo de nuestras vidas.

Por qué una firma? Un garabato, hecho con un bolígrafo la inmensa mayoría de veces, con pluma en situaciones muy concretas, donde supuestamente pone nuestro nombre. Un garabato  para transmitir la alegría, el sufrimiento, la angustía, la duda, la emoción, de situaciones vitales que suponen cambios drásticos (matrimonios, divorcios, hipotecas, intervenciones quirúrgicas o tratamientos de riesgo…) así como la neutralidad emocional de otras como contratos telefónicos, pagos con targetas de crédito, colaboraciones a causas sociales…que no nos despiertan la más mínima emoción, y en algunas situaciones, el más mínimo interés.

Por qué un garabato hecho con la mano? En qué momento la leptoescriptura, además de para comunicarnos empezó a utilizarse para dejar testimonio en un papel con un tonto garabato de momentos y decisiones tan intensos? Uno se casa y firma, tiene un hijo y firma, compra una casa y firma, certifica una muerte y firma, compra un móvil y firma, quiere proteger a las ballenas de la experimentación para fines cosméticos y  firma, hace un examen y firma, sella un tratado de paz intercontinental y firma…¿Cómo pueden momentos tan distintos ser corroborados con un mismo símbolo? Cómo pueden hechos tan importantes en nuestras vidas ponerse a la altura de otros tan poco trascendentes a través de un mismo gesto?

Firma testamento

Y  poniendo fin a la interminable lista de momentos en que uno toma en su mano el bolígrafo y se dispone a firmar, querría proponer formas distintas de plasmarlo:

En nuestra boda a uno deberían grabarlo jurando amor eterno, protección y fidelidad. En el nacimiento de nuestro hijo debería bastar una foto (ella agotada, él con ojos llorosos y la nariz llena de mocos, y el bebé recien nacido todavía lleno de sangre y vernix) junto con nuestros nombres para demostrarlo. Colaborar a una causa noble debería ser una auténtica colaboración y no sólo recoger garabatos en un papel…Aunque he de reconocer que se me acaban las ideas cuando uno se plantea cómo demostrar que va a pagar al banco durante 35 años la mitad o más de la mitad de su sueldo religiosamente cada mes, o que la targeta de crédito es nuestra y no de otro, o que hemos recibido el paquete de mensajería urgente…Una foto con el pulgar levantado y cara de convicción quedaría poco serio, no? Pero sería fiable…

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Cuando uno ve una firma ocurren dos cosas: se le antoja a uno como verdad absoluta que quien ha firmado lo hacía con auténtica convicción,  una firma es como un sello lacrado en que ya no existe vuelta atrás. Por otro lado, uno no es capaz de percibir ni imaginar el contenido emocional de esa firma. Cómo debía vivir ese momento quien firmaba? Estaría emocionado por la decisión tomada? Asustado? Pensaría que se equivocaba, que era un tremendo error? Lo viviría como un momento especial? Lo recordaría el resto de su vida?

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Las firmas son frías, asépticas, insulsas. Simples garabatos sin interpretación posible. A estas alturas de siglo XXI alguien debería proponer algo ya y acabar con ellas. A la hoguera con las firmas. Pensadlo.

De qué hablan cuando hablan de correr

Para alguien como yo, para quien subir tres pisos andando o correr 50 metros para no perder el autobús representa el ejercicio del mes, la fiebre Runner le resulta desquiciante.

Y me pregunto: por qué “runner”?  En mi más tierna infancia era “correr”, después pasamos al “footing”, depués al “jogging” (desconozco si existe una diferencia conceptual entre ambas), y ahora vamos todos de “runners”. A mi que me lo expliquen.

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El cambio de término me hace pensar (aquí muchos “runners” se van a sentir ofendidos) que se ha inventado un término vinculado directamente a un nuevo producto de marketing. Nike, Adidas, Salomon, Asics, están haciendo su agosto desde que correr se llama “running” y no “correr”. Todos equipados, con las mallas o los shorts (ofensivamente shorts), una camiseta lo más flúor posible (“es para que me vean los coches” – un huevo, es para que te vean todos), con la cinta en la cabeza, el frontal con LEDs, el cinturón de hidratación, el pulsómetro con GPS, los compresivos en los gemelos (o en los muslos o ambos), la mochila de running, las gafas de grafito con lente ahumada…vamos, que si quisiera ir a correr ahora tendría que ir vestida de mujer biónica, y lo más divertido, dejarme una pasta en el equipo. Y eso que los runners te dicen eso de: “para qué voy a pagar un gimnasio si correr es gratis?” – Ajá…

Otro punto gracioso de los runners es su afán por colgar en las redes sociales los recorridos, los kilómetros y los tiempos. Vale, que la aplicación del iPhone se sincroniza directamente con Facebook y Twitter y “no es que me quiera chulear, es que lo hace sólo”. Sí pero también se desactiva, bonito. Y me resulta cómico saber por dónde corren y lo mucho que han mejorado en tiempos personas que no veo desde hace más de un año. Información totalmente superflua aunque un buen recurso cuando los encuentras y no hay tema de conversación. “Ah, he visto que corres… qué bien, estás mejorando tiempos eh? El otro dia te cascaste 10 km en 50 minutos por la playa, eres un campeón…” mientras que desconoces por completo dónde vive, de qué trabaja o de qué demonios lo conoces.

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Y es que venden hasta cochecitos de bebé para runners! A mi me daría pánico salir a correr por la carretera de les Aigues a todo meter con mi hijo dando saltitos con cada cascote que me encuentro, escurriéndose hacia abajo en las bajadas o subíendosele la sangre a la cabeza en las subidas. Y si frenas muy de golpe, toda la energía cinética impulsándolo hacia delante – hay que decir que los sistemas de sujeción son formidables y que tienen 3 ruedas, un sistema de frenado en el manillar, frenos de tambor y hasta un sistema de estacionamiento trasero! – bonito, pero me sigue pareciendo muy friki.

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Todos están muy sanos, eso sí. Una cosa lleva a la otra, y la gente que corre se cuida mucho más que el resto de los mortales, que nos dedicamos a absorber el exceso de colesterol y azúcares refinados que dejan los runners. Cuando empecé a ejercer como médico llegaban a urgencias jóvenes cuarentones sedentarios, obesos, con una tripa que apenas les dejaba respirar, y pensabas “claro, es que no se cuida”. Ahora de esos ya no ves ni uno, pero las privadas se forran haciendo chequeos a jóvenes con cuerpos fibrados, sin un gramo de grasa, para descartar cardiopatías congénitas potencialmente mortales que podrían hacerles sufrir una arritmia maligna a mitad camino – quedaría fatal un parón en mi recorrido de hoy del Facebook  – o para planear dietas para correr más (verídico). Muy sano y muy poco obsesivo todo, sí, sí…

Y ahora la parte honesta del post: os admiro y os envidio mucho a todos. Mucha fuerza de voluntad (apoyada por un sistema capitalista que ha visto un filón en esto de los deportes extremos, pero no importa) y mucho crecimiento personal en esto del running. Incluso el mismísimo Murakami ha escrito una novela explicando sus emociones y pensamientos más íntimos durante sus carreras, donde según parece los pensamientos fluyen y surge la autoconciencia plena. Figuras de superación personal como Killian Jornet y famosillos dando lecciones como Anne Igartiburu, Madonna o Jennifer Aniston hacen que muchos se aventuren a sudar la camiseta (con tecnología DrySense, transpirable, rejillla lateral AirSide y refuerzo cervical posterior), eso sí.

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